• Manipulándonos con palabras

    Manipulación palabras

    Gracias a la lengua además de comunicarnos y compartir información podemos persuadir, seducir y manipular a los demás. En este sentido el lenguaje se convierte en una poderosa herramienta para conseguir nuestros objetivos o para hacer que otros se comporten como nosotros deseamos.

    Ya en la Grecia clásica se daba especial importancia al arte de expresarse adecuadamente para conseguir persuadir al destinatario, lo que posteriormente se conocería como ars bene dicendi o arte del buen hablar.

    Mientras que en aquellos tiempos este arte era practicado principalmente por filósofos, en la actualidad son sobre todo los políticos quienes intentan, y más necesitan, persuadirnos.

    Precisamente en tiempos como los actuales en los que la gente exige explicaciones y respuestas a las acciones políticas es cuando aquellos que gobiernan son más cuidadosos con lo que dicen y cómo lo dicen para aplacar o suavizar al máximo la opinión pública persuadiéndola y engañándola. Es en tiempos como estos cuando mejor se puede observar cómo se manipula el lenguaje y los significados respondiendo a intereses de aquellos que ostentan el poder.

    ¿Quién no recuerda la reticencia del anterior presidente del gobierno a usar la palabra ‘crisis’?

    ¿Y qué decir de un ejemplo más reciente de manipulación lingüística como el ofrecido hace unos meses por la número dos del partido gobernante al prohibir el uso de la palabra desahucio en la información que se envía a las familias que viven en una vivienda social y van a ser desahuciadas?

    O qué pensar cuando el ministro de Justicia prepara una modificación legal que sustituya la palabra imputado para aliviar la presión a su propio partido por casos de corrupción…

    1984 de George Orwell

    A algunos esto les recordará a aquella neolengua que aparecía en la novela 1984 de George Orwell utilizada para manipular y dominar el pensamiento de la gente y así evitar otras formas de pensamiento contrarias a los intereses del partido. Parece que nos estamos acercando…

    Y aunque pensemos que estos cambios o prohibiciones de palabras puede que solo sirvan para ‘maquillar’ la realidad y mejorar la propia imagen sin afectar directamente a la gente, las cosas no quedan ahí.

    Mucho más trascendentales son las modificaciones que la Real Academia Española va a realizar en su 23.ª edición que saldrá en 2014 y que han sido apuntadas por Màrius Serra en sus artículos Lexicografía de Estado y Legislar la semántica. Caso mucho más grave, porque no solo demuestra claramente cómo una institución que debería ser independiente está al servicio de quien gobierna, sino que además estos cambios afectan a todos los ciudadanos y modifican la realidad debido a que, como señala Serra, las definiciones del DRAE son “uno de los criterios que aplican los tribunales españoles cuando hay divergencias de interpretación sobre un concepto”. Así que en cuanto salga la nueva versión del diccionario de la RAE palabras y conceptos como “autodeterminación, autogobierno, consulta popular, Estado, Estado de derecho, estado federal, estado de alerta, estado de excepción, estado de guerra, estado de sitio, intervencionismo, parlamento, plebiscito, referéndum, soberanía y soberanía nacional” ya no serán lo mismo…

    Ejemplos asombrosos e indignantes de cómo los poderosos se dedican a manipular el lenguaje de una forma silenciosa e interesada de un modo que cambia nuestra realidad

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