• La lengua como constructora del mundo IV

     

    COLOR

    Color

    Colour

    El color ha sido uno de los principales intereses de todos aquellos que han querido demostrar cómo la lengua interviene en la percepción del mundo.

    Han sido numerosas las investigaciones que han estudiado la relación entre la lengua y la percepción del color, aunque no ha sido hasta fechas recientes cuando se ha podido comprobar científicamente que realmente la percepción del color está influida por la lengua.

    No todas las lenguas tienen el mismo número de palabras para nombrar diferentes colores, es decir, hay lenguas que sólo tienen lo que serían los equivalentes a “blanco” y “negro” mientras que otras han desarrollado un vocabulario cromático mucho más complejo.

    Después del blanco y el negro, el siguiente color al que los humanos suelen dar nombre es al color rojo, posiblemente porque se trate del color de la sangre. Posteriormente, según la teoría de Lazarus Geiger, se suele nombrar antes al verde que al amarillo y el azul suele ser uno de los últimos en ser nombrados. En muchos casos lo que nosotros consideramos azul o verde, en otras lenguas suele ser un solo color.

    Entre los estudios que se han hecho recientemente en este ámbito, apoyados en tecnología de medición de la actividad cerebral, destaca uno que se hizo a hablantes de inglés y de ruso.

    En inglés para denominar al color azul utilizan simplemente una palabra, mientras que el ruso hace distinción entre azul oscuro y azul claro usando dos palabras diferentes. A los voluntarios se les mostraban tres cuadritos con diferentes tonalidades de azul y tenían que agrupar aquellos con la misma tonalidad. En el estudio, los hablantes de ruso fueron más rápidos que los ingleses en discriminar las distintas tonalidades, pero ¿cómo demostrar que la respuesta estaba en el idioma que se hablaba? Se repitió la prueba pero esta vez “distrayendo” a los hablantes de ruso con otras actividades verbales. En ese caso se vió que su eficacia bajaba a nivel de los ingleses, puesto que ya no podían usar la pista que les daba su lengua para discriminar los colores.

    Otro descubrimiento reciente al respecto, ha sido el comprobar que los bebés y los adultos procesan los colores en regiones diferentes del cerebro, lo cual lleva a algunos a concluir que pueda deberse a la influencia del lenguaje. Y es que el color no lo ven los ojos, si no el cerebro.

    GÉNERO

    Género

    Otro de los aspectos en los que más se ha discutido la influencia de la lengua ha sido en la cuestión del género.

    Por todos es sabido que existen ciertas lenguas que no tienen o han perdido su distinción de género en la mayoría de las palabras, como es el caso del inglés. Otros idiomas suelen tener dos géneros en correspondencia con el género natural masculino o femenino, como es el caso del español o del italiano. También existen lenguas como el griego o el alemán, que poseen tres géneros, uno masculino, uno femenino y otro neutro.

    Dichos géneros, que hemos aprendido y asimilado con nuestra lengua materna, influyen en la visión que tenemos del mundo como han demostrado diversos lingüistas.

    Una de las cuestiones a la que más atención se ha prestado es al hecho de atribuir un género masculino o femenino a objetos inanimados que no siempre se corresponde en todas las lenguas. Aún en lenguas “hermanas” como el francés, el italiano o el español nos damos cuenta de que muchas veces el género de un objeto no es el mismo. Por ejemplo, para el español el coche, o el automóvil son masculinos, mientras que en francés la voiture y en italiano la macchina son femeninas. En español la cuchara es femenino, al igual que en francés la cuillère, mientras que en italiano es masculino il cucchiaio. Y así con muchas más palabras.

    ¿Qué supone esto para los hablantes de estas lenguas? En primer lugar, que los idiomas que usan géneros atribuyen a los objetos rasgos de género. Por ejemplo, si decidimos hacer una película animada en la que el/la protagonista es una cuchara, y preguntamos a varias personas qué voz le pondrían, si femenina o masculina, comprobaríamos que en el caso de los hablantes de francés y español probablemente elegirían una voz femenina, mientras que posiblemente los italianos elegirían una voz femenina.

    En otro experimento se pidió a hablantes de alemán y español que describieran objetos como una llave (femenino en español pero masculino en alemán) o un puente (masculino en español aunque femenino en alemán). Se descubrió que los hablantes atribuían rasgos o características a estos objetos de acuerdo con el género que tenían en cada lengua. Es decir, los hablantes de español describían los puentes con adjetivos que expresan más connotaciones masculinas, mientras que los germanófonos usaron adjetivos con connotaciones femeninas.

    Pero, a parte de los objetos, ¿qué pasa con los conceptos abstractos? Un pequeño ejemplo muestra cómo estos también se ven influenciados por la lengua. A lo largo de la historia, los artistas han representado de diversas formas a la muerte, en muchos casos mediante una personificación que se correspondía en género con el género de la palabra en la lengua del artista. En la mayoría de los casos, los artistas hispanohablantes representan a la muerte como una mujer, mientras que los alemanes la representan como un hombre.

    Estos han sido algunos ejemplos de la influencia de la lengua en nuestra forma de percibir el mundo aunque hay muchos más.

    Continuará…

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